martes, 7 de julio de 2009

Gobernabilidad - Gobernanza. Un problema dual de nuestro tiempo resuelto a través del trabajo

A manera de introducción

Durante los últimos años el mundo de las ciencias sociales, el de la política y el de los ciudadanos de a pie esta siendo atravesado por una serie de conceptos que involucran a los sujetos ya sea en forma de discurso y que es hablado por medio de estos. En consecuencia se ha constituido una sofisticada querella política acerca de los problemática gubernamental que ha sido instalada en forma de agenda política con intereses subalternos. Como la derrota electoral que sufrió el oficialismo gobernante en las elecciones parlamentarias de medio término que implica una fuerte disminución de su sustentación social, que a pesar de lo acotada de la misma llega al 35 % de las preferencias del electorado, alerta acerca de los desafíos a futuro, del sistema de representación política, tal cual venía desarrollándose en los últimos seis o siete años, esto es un desplazamiento del escenario de los partidos políticos como vehiculizador de las demandas societales hacia el escenario artificial donde una “concertación plural” enlazando políticas con los denominados “movimientos sociales” pretendió desplazar el debate parlamentario, por unos acuerdos programáticos para la profundización del “modelo” puesta en marcha por Néstor y Cristina Kirchner, para sostenerse en el poder, utilizando la lógica del amigo enemigo sostenida en su oportunidad por Karl Schmitt, releída en clave populista por el politólogo Ernesto Laclau.
Ahora bien poco antes de desatarse la crisis financiera internacional, a partir de las disputas internas en el frente gobernante y las fracturas operadas al interior del mismo, el matrimonio presidencial gira nuevamente al PJ tratando de rearticular una vez más políticas con eje en el mismo, obligando al compromiso de los intendentes de la provincia de Buenos Aires con las llamadas listas testimoniales.

La gravedad de la crisis económica ocultada parcialmente con los planes licuadoras diseñado para el segmento AB2 de la población y sostenidos con los fondos del sistema de seguridad social, los indicadores del INDEC falseados deliberadamente por la intervención que sufre ese organismo del Estado, la caída de la actividad económica, la creciente desocupación que impacta en los estratos medios-bajos de la sociedad y que no llega a ser paliados por los planes asistenciales focalizados, son los emergentes más visibles, más negados desde los vértices del gobierno y al mismo tiempo o como consecuencia directa de esta afirmación, menos discutidos políticamente, que nos permiten sostener que el “modelo” esta escorado.

Esta situación política institucional, sumado a la existencia de un cuadro de, - en palabras de la CEPAL -, vulnerabilidad social que se manifiesta en la sensación de riesgo, inseguridad e indefensión que actualmente alberga a la mayoría de la población en nuestro país, hace necesario que analicemos en detalle algunas cuestiones a manera de reflexión colectiva para generar la masa crítica que nos permita salir de este laberinto y no repetir como Sísifo el mismo castigo o la misma historia.

El orden político establecido en nuestro país se hace cada vez más difícil de sostener.

Una multiplicidad de acciones divergentes por su origen pero convergentes en sus efectos afectan al conjunto del pueblo argentino.

Estamos convencidos que la salida de la crisis no puede ser individual y tampoco estrictamente nacional, y en ese sentido se torna necesario iniciar acciones conjuntas con el resto de los países (serios) del hemisferio para enfrentar la crisis y superarla, teniendo como premisa que de no hacerlo nuestras futuras generaciones, es decir nuestros hijos y los hijos de ellos, no tendrán futuro.

Esta es una Nación llena de paradojas, enclavada en un territorio sumamente vasto y rico que por ausencia de obras de infraestructura hoy posee extensas regiones castigadas por el flagelo de una sequía como no se veía en los últimos cincuenta años, demás está decir que hace diez años padecíamos importantes inundaciones sin que se realizaran obras de infraestructura que contemplara ambos casos, y una creciente soja dependencia sostenida por una demanda internacional que pretende ser aprovechada al máximo por los sectores productivos agropecuarios en detrimento de otros nichos de la actividad económica regional que son necesarios para el desarrollo sostenido y sustentable del territorio propicio para la siembra y la ganadería.

Por la aplicación a rajatabla de medidas de ajuste estructural de la economía y por seguir los consejos de los personeros del establishment, pagamos capital y servicios de la deuda externa a los tenedores externos de los títulos aunque con un discurso pseudochauvinista se le “vendió” al conjunto societal que estábamos en el mejor de los mundos y que habíamos realizado una acción de economía política soberana, en forma paralela abrimos nuestra economía a mercaderías producidas con mano de obra esclava, importamos “esclavos laborales” que son ocupados sin ningún tipo de protección socio-sanitario y laboral en detrimento de mano de obra local, en aras de sumarnos al primer mundo aceptamos sin propuestas políticas alternativas a una globalización impulsada por el capital trasnacionalizado acatando a pies juntilla los consejos de los “inspectores de la marcha de nuestra economía” que nos proponen una vez más volver a las recetas diseñadas por el FMI.

Paralelamente la aduana era y es, un inmenso colador por donde ingresan miles de millones de dólares en productos por año que inundan el mercado a un precio vil, lógicamente por que no tributan.

En forma simultánea los efectos de esta apertura de la economía, nuestra sociedad sigue padeciendo los que están siendo acarreados desde hace 30 años, cuando se produjo la mayor transferencia de deuda privada al sector público cuando hubo una especie de socialismo al revés, al nacionalizarse la deuda externa privada. No es baladí repetir que en un depósito del Congreso Nacional duerme el eterno sueño de los justos el informe elaborado por el Dr. Alajandro Olmos un patriota que algún día no muy lejano encontrará su justo lugar en la historia de nuestro país.

Para complejizar más aun este cuadro, hay que recordar que a comienzos de los noventa y como consecuencia de un proceso de privatizaciones y concesiones de empresas de servicios públicos se transfirió el patrimonio social acumulado por décadas del conjunto del pueblo argentino a unos pocos grupos económicos, altamente concentrados que aumentaron las tarifas de los servicios que prestaban sin que ello se viera reflejado en la calidad de los servicios que ofrecían y siguen percibiendo los mismos subsidios que antes percibían las empresas del Estado por un lado y sin control ya que los entes reguladores de las distintas actividades en la práctica funcionan como apéndices de las empresas a las que tienen que controlar por el otro, en tanto recientemente y para cerrar cuestiones de la interna pegotista, o mejor dicho para consolidar el giro hacia la pejotización del gobierno algunos de esos servicios han vuelto a ser administrados por el Estado nacional, lo que no está mal si por ejemplo al mismo tiempo liquidara LAFSA y su personal calificado se incorporara a la de Aerolíneas Argetinas, terminara allí la persecución política a más de 150 empleados entre pilotos y técnicos separados de sus puestos por no compartir los disparates de un grupo de dirigentes sindicales puestos a dirigir la empresa y se separa de cargos de conducción a funcionarios que responden al grupo Marsans aún en funciones.

Para finalizar el Estado Nacional transfirió responsabilidades que le eran propias a las Provincias y estas a los municipios.

Los gobiernos locales, debido a los procesos de transferencias antes aludido de responsabilidades han tenido que asumir, un rol más dinámico y comprometido con la totalidad de los problemas que afectan a la población y que básicamente pueden agruparse en cuatro retos o nuevos desafíos:

- la construcción de un sistema democrático sólido que pueda resistir la embestida permanente de los poderes fácticos que se resisten a ceder los espacios conquistados durante los gobiernos de facto que se instalaron en el continente durante la última mitad de la década del 70, que aseguren gobiernos democráticos y de mayorías, co – ayuden a la sociedad civil a construir ciudadanía y que canalicen las demandas y conflictos sociales.

- la democratización social, que implica el fomento a la participación ciudadana y a la superación de las desigualdades e incertidumbres que asolan a la humanidad, teniendo en cuenta especialmente el carácter nuevo de la exclusión social y sus efectos colaterales; esto es la total marginalidad de los excluidos del sistema y la prescindencia de la sociedad integrada hacia estos; esto significa que la sociedad que se defina a si misma como democrática deberá implementar la articulación de los recursos tácticos, estratégicos e ideológicos de los que dispone para terminar con este flagelo, ya que aquí confluyen dos situaciones contradictorias y simultáneas a la vez: la expansión y el estrechamiento de las condiciones de ciudadanía.

- la redefinición del rol de la economía y la autonomización de ésta respecto de la política, del modelo de desarrollo a implementar en el que el mercado y la apertura internacional no bastan para redefinir el proceso de inserción de la totalidad de la economía local o nacional en el mundo globalizado y no sólo a los sectores incluidos de la sociedad.

- la rediscusión de los conceptos de modernidad, la construcción de sujetos democráticos desde una perspectiva alterna y posiciones colectivas.


Todo este proceso, la transferencia de responsabilidades, enmarcados en políticas de descentralización y regionalización y los retos que conllevan, se han dado en denominar por el rol que adquieren las ciudades y las regiones frente al aumento de los reclamos de los ciudadanos “el nuevo localismo”.

En consecuencia el papel que los gobiernos locales cumplen con relación al desarrollo económico de sus comunidades, tiende a ser cada vez más alto y más crucial ya que,

- apunta a llenar el vacío que se ha generado como consecuencia del retroceso de los gobiernos nacionales

- soporta los efectos y las presiones, que ejercen los organismos de crédito multilaterales y los grandes acreedores externos tenedores de « títulos de la deuda externa », que no aceptaron las propuestas Lavagna para su cambio, para que el gobierno nacional se hagan cargo de la totalidad de la misma, desatendiendo en consecuencia los reclamos sociales

- sufre sobre el territorio los procesos de autonomización de la economía y las comunicaciones, que han traído aparejado el cierre de plantas fabriles, la desocupación de millones de personas, procesos de desafiliación social creciente, y consecuentemente nuevas incertidumbres

- la crisis de los modelos y los paradigmas productivistas de matriz desarrollista interna como consecuencia de los efectos devastadores de la globalización


Los gobiernos locales y las instituciones afrontan cada vez más y mayores demandas de parte de la sociedad.

No sólo en lo referente a las mutaciones vinculadas al mundo del trabajo y la equidad como consecuencia de los avances de la tecnología, es decir el desempleo generalizado y la pobreza estructural, los retrocesos y vacíos del modelo del estado de bienestar keinesiano, en lo referente a políticas de pleno empleo registrado, mejoras y extensión de los beneficios en la seguridad socio-sanitaria, sino también a aquellas vinculadas a las nuevas demandas educativas, la degradación constante y creciente del medio ambiente, malestar social creciente que se manifiesta a través de violencia en las escuelas y los hogares, sentimiento de aumento de inseguridad por parte de los ciudadanos, mayores niveles en el consumo de sustancias farmacológicas de uso prohibido, etc.

Este aumento de los reclamos colectivos y de situaciones sociales antes desconocidas, por su complejidad y diversidad desborda las capacidades de los gobiernos locales y nacionales, por la falta de respuesta del sistema político, agrava los males que padecen las sociedades atrapadas en un ajuste estructural de sus economías que parecen no tener fin, la ineficacia e ineficiencia en la prestación de los servicios públicos muchos de ellos privatizados y la falta de control por parte del Estado sobre los mismos.

Paralelamente asistimos a un renacer de las ciudades, estimaciones realizadas por la ONU sostienen, que dentro de aproximadamente 10 años las 2/3 partes de la población mundial vivirá en ciudades, las mismas estarán colmadas de personas que huyen del campo buscando nuevos horizontes que se les niega en aquel. Esta constante migración del campo a las ciudades pone de manifiesto el carácter eminentemente urbano de la pobreza estructural.

Asomarse a un "balcón urbano” implica ver frente a nuestros ojos un remarker de "Blader runner", que nos asusta desde nuestra mala conciencia formada en el proyecto inacabado de la modernidad y las frustraciones que conlleva en si misma.

El vértigo y el vacío propio de las acciones fractuales de la postmodernidad periférica nos asola.

Ahora bien, si la ciudad es entendida como un espacio dotado de un conjunto de elementos capaces de promover la identificación con un espacio de relación interpersonal y de erigirse en un hecho histórico frente al aumento de esos lugares del anonimato y el vaco que al antropólogo francés Marc Augué denomina "le non liex" (los no lugares) y que se multiplican día a día como efecto del discurso de la postmodenidad períferica, construir los elementos estructurantes de una nueva cultura política ciudadana, auténticamente democrática y que se articule en el ejido de la ciudad sin restricciones, sin barreras y sin fronteras, es una asignatura pendiente del campo popular y de un gobierno que representa los intereses del pueblo y que afectan la calidad de la democracia.

Paralelamente, percibimos que existe una profunda crisis del sistema de representación político institucional, y la sociedad se siente cada vez más alejada de sus representantes.

El problema: legitimidad y eficacia, o legitimidad, efeciencia, eficacia y efectividad

La existencia de un gobierno democrático ha sigo siempre una condición elemental para la vida civilizada en una ciudad.

En consecuencia, el gobierno desde el momento mismo de la aparición del Estado moderno, y también quizás antes de este fenómeno, resulta ser y consiste en una institución legalizada, que se erige en núcleo central de una comunidad política, que debe contar con los siguientes atributos

- ostentar y detentar la autoridad suprema del Estado, su soberanía

- transmitir ordenes a los ciudadanos -, que deberían acatar, es decir ordena la vida económica, social, cultural y política de la población hasta donde llega el alcance de estas órdenes

- distribuye y redistribuye los bienes y recursos materiales que controla según su voluntad, atribuye ingresos, extrae impuestos y los destina para servicios, infraestructura, centralidades, riqueza y bienestar entre los ciudadanos

- otorga y quita privilegios, autoridad y reconocimiento a sus súbditos, es decir distribuye honores, castigos y ventajas o desventajas sociales a individuos, o colectivos sociales determinados

- se responsabiliza por la gerencia de aquellos aspectos de la vida social que no pueden estar en manos exclusivas de un grupo particular, pues son bienes u objetivos generales como la conducta de guerra, la emisión de moneda o la administración de justicia.

Estos atributos constituyen las condiciones esenciales y que ha de cumplir cualquier gobierno para que su existencia no sea precaria: la legitimidad y la eficacia.

Entonces a grandes rasgos podemos señalar que la gobernabilidad consiste en ejercer a la vez estas dos funciones.

Sucede asimismo, que su cumplimiento no siempre es perfecto. Entonces se puede hablar de un gobierno ampliamente ilegítimo con frecuencia basado en el ejercicio del terror político y del terrorismo de Estado para conseguir la obediencia y ejercer la eficacia, hasta aquellos que gozan de un amplio consenso popular en el desarrollo de sus actos gubernativos, pero que carecen de eficacia, eficiencia y efectividad en sus acciones.

La cuestión central para analizar con ustedes es aquella de deviene de la precariedad endémica que presentan los gobiernos latinoamericanos en esta hora como consecuencia directa de los efectos de la mundialización del orden económico y sus efectos directos y colaterales al interior de nuestras sociedades, de las presiones que ejercen los tenedores de los títulos de la deuda externa que no entraron en el mega cange propuesto por el gobierno en su momento, a través de algunos gobiernos centrales, de los organismos de crédito multinacional por un lado, y de la incapacidad de los partidos políticos populares de elaborar estrategias alternativas y creíbles para construir poder popular, de generar la masa critica capaz de ponerla en marcha.

Una definición

La cuestión radica en entender que la modernidad que pretende haber resuelto democráticamente las antinomias de legitimidad y eficacia, es precisamente la causa central y específica de los problemas de ingobernabilidad que dificultan la consolidación de nuestro sistema democrático y el bienestar de nuestro pueblo. Es decir el logro de los ideales y objetivos como civilizaciones de libertad, progreso y paz.

La modernidad puede ser entendida entonces como un vasto y complejo proceso cultural orientado hacia la creación de una comunidad política democrática y plenamente legítima, cuyos órganos gubernativos sean capaces de alcanzar esos objetivos de progreso, bienestar, ciudadanía y paz.

Entonces podemos decir que en nuestra concepción gobernabilidad es la cualidad propia de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficazmente dentro de su espacio de un modo considerado legítimo por la ciudadanía, permitiendo así el libre ejercicio de la voluntad política del poder ejecutivo mediante la obediencia del pueblo.


Gobernabilidad - gobernanza

Ahora bien en el estadio en el que se encuentran nuestras sociedades esta definición de gobernabilidad se ajusta a lo queremos?

Hace un tiempo nuestra sociedad se halla nuevamente faranduralizada con la aparición de candidatos que alegremente dicen que no saben nada de política, de otros que se presentan como lo “nuevo de lo nuevo” gastan fortunas rayando la violación a la ley sobre este tópico – el gasto de campaña- que son la cara visible de una nueva derecha populista, más formada y en consecuencia más peligrosa pro que no nuestra sus verdaderos objetivos, y que permanente se nos llama a optar al mejor estilo falaz de la revista Para Ti “ entre lo que se quiere o que se puede”, sin permitir discursivamente la existencia de una tercera opción: lo que se debe hacer.

Si nosotros planteamos como necesidad recrear los planteos originales de la modernidad clásica y como señala Marshall Bermmann la modernidad es proyecto inacabado, hay que recostarse en el planteo de unos de los filósofos más importante de este proyecto. Me refiero concretamente a Emmanuel Kant y en consecuencia optar correctamente por aquello que “debemos hacer”, en el marco de un “sapere aude”, para que el sistema recupere la confianza perdida por la ciudadanía.

Para ello es necesario hacer un buen gobierno, crear gobernanza.

José Luis Coraggio enseña desde unos años con la metáfora de un barco que guiado correctamente en medio de una tormenta llega a buen puerto y aquel que por carecer de buen piloto de tormenta queda a la deriva; en tanto, el escritor y psicoanalista argentino Germán García suele decir que cuando un barco se hunde unos gritan y otros organizan el salvataje.

Entonces es necesario construir gobernabilidad a través de la participación democrática popular, es decir con realismo y pragmatismo encarar acciones de gobierno apoyado en mecanismos que amplíen la base de sustentación del gobierno, mejorando el estándar de vida de la sociedad, y reduzca sustancialmente el riesgo de un crack institucional.

Es decir lo contrario a la política confrontativa delineada por el ex Presidente (en ejercicio).

Las opciones a futuro

Es decir, es necesario alcanzar un desarrollo sustentable de nuestra sociedad, propiciando la mejora del capital social nos enfrenta a tres dilemas

- el que parece instalarse y que es funcional al fundamentalismo del mercado que destruye el sistema político institucional, agrava la vulnerabilidad social y destruye el medio ambiente

- una posición ecologicista y centrada en el en la defensa inmediata de los derechos humanos que minimiza la cuestión económica

- una centrada en la permanencia y perfeccionamiento de las instituciones de la democracia representativa, que posterga las transformaciones económicas estructurales y profundas que se necesitan para el desarrollo sustentable, al quedar estos objetivos subordinados al mantenimiento o la construcción de algunos equilibrios políticos y “al realismo político”.


La construcción de una red de protección ciudadana. La economía social

Como el espacio que tradicionalmente era ocupado por el Estado social a través de una red de servicios para la promoción social de los derechos de los ciudadanos durante los últimos cincuenta años, primero fue desacreditado por ineficiente y luego abruptamente desarticulado por la desfinanciación del mismo partir de las políticas de ajuste estructural de la economía, con el objeto final de privatizar los servicios que presta.

La apuesta que afrontamos entonces desde el campo democrático y popular es la de crear espacios para la reconstrucción de ese Estado social, trabajar los intersticios que nos ha dejado la globalización - esa mezcla siniestra de autonomización de la economía y la comunicación-, revalorizando el sesgo autónomo que debe de tener la política, repensar las articulaciones entre lo formal y lo incluido por un lado con lo informal, lo marginal y la denominada nueva economía de los bordes por el otro. Esta apuesta no esta perdida del todo, ni mucho menos ya que a nuestro criterio existen aspectos reales que siguen de pie y que nos permiten pensar que es posible reformular el andamiaje del Estado social desacreditado por los pensadores de la derecha y el posibilismo. Creemos por lo tanto que hay que revalorizarlo resignificando las ideas fuerzas que le dieron origen y rearticulando los actores estratégicos que deben de asumir el compromiso público de su defensa y reconstrucción tanto desde el imaginario social y cultural como desde lo práctico.

Hoy en día, vivimos la tensión de dos cosmogonías

- la que es sostenida por los sectores vinculados al neoliberalismo y que asegura que ha de ser la mano invisible del mercado la que regule las relaciones sociales

- la de los que creemos que el Estado social deberá de ser reconstruido desde el Estado mismo como consecuencia de la conformación de una nueva hegemonía política y social que vencerá las dificultades que aparecen en el camino por medio de una batalla cultural

Para nosotros la estrategia de despegue se basa en potenciar un sistema de economía social y sus instrumentos.

Definir una empresa social parece hoy en día un verdadero oximoron. Nosotros en el aparente nudo que existe entre democracia y participación, rescatamos las ideas del valor de la solidaridad y los lazos fraternos construidos entre iguales, y de ellos los mecanismos del asociativismo y la cooperación; de allí entonces llegamos a nuestra primera aseveración : la razón social de la empresas social es cooperativa, es una estrategia productiva, pero anclada en lo social, para salir del asistencialismo y desde la economía de los bordes incursionar en lo formal o de lo reproductivo.

Para ello debemos embarcados en despertar la capacidad emprendedora que subyace en aquellos individuos que fueron expulsados del mercado formal para que encaren proyectos individuales y colectivos de emprendimientos productivos, saberes multidisciplinarios, para reconstruir el proyecto inacabado de la modernidad bajo el ordenador social que constituye el trabajo y derrotar el pesimismo y el malestar que asola a nuestra sociedad, con voluntad política, coherencia ideológica y honestidad intelectual.

Pero sin embargo, el malestar que atraviesa a la sociedad en nuestro país esta ligada a la existencia de un desempleo centralmente estructural y cuyos índices permanecen inalterables desde hace más de cinco años, a pesar de todos los planes de ajuste implementados.

La persistencia de este desempleo, alienta la sensación de pérdida de la identidad colectiva y nacional por un lado y una incertidumbre y un vacío existencial por el otro, destruyen el tejido social.

Pero estos fenómenos, son más profundos aún, porque lo que está en crisis o quebrado es tanto la organización societaria tal como la conocemos, como el sistema de representación del imaginario social colectivo.

Como la situación no puede comprenderse bien, el futuro comienza a percibirse por la sociedad como algo alejado a sus necesidades desde una perspectiva de rechazo y resignación.

Como es sabido en el contexto de la crisis que vivimos desde hace varios años recrear experiencia novedosa de reingeniería social como las diseñadas en Italia por Ota de Leonardis, Diana Mauri y Franceco Rotelli o las que impulsan grupos altermundistas franceses, creada desde el seno mismo de la sociedad, son una propuesta válidada, ya que

- es una herramienta idónea para la participación social y comunitaria, por que moviliza a los actores sociales con un objetivo concreto: mejorar las condiciones de vida de las personas que participan de los emprendimientos

- refunda el significado de pertenencia a una comunidad ya que dentro de la empresa social el individuo deja de sentirse un paria, para formar parte de esa micro sociedad de iguales que ahora no lo excluyen sino que por el contrario lo incluyen en el sistema de relaciones que se forman allí

- incluye desde una perspectiva alterna al sujeto dentro de la comunidad

- potencia y acrecienta los intercambios culturales y sociales

- resignifica el valor de la necesidad

- analizan mediante un auténtico proceso de democracia participativa las actitudes de los integrantes desde una perspectiva humana, alterna y crítica

- propicia redimensionar el consumo de los individuos por medio de un sistema de compras comunitarias, que lo hace consumir lo necesario

- revaloriza el valor de uso de los productos, porque ahora los miembros de los nodos, en este proceso no adquiere elementos, productos e insumos innecesarios, tronando de esta manera sustentable y armónico su vida rompiendo de esta manera la lógica del consumo fútil

- es una oportunidad construida colectivamente por excluidos del mercado formal del trabajo, para reinventar el mercado a través de la economía social y sus instrumentos, apelando a la confianza y a la solidaridad, en lugar de la cruda competencia instalada por el mercado

Plantea entonces

- el aprovechamiento integral de los bienes y servicios que son generados en el seno de la sociedad

- la capacitación integral de las personas que participan en el programa

- el desarrollo de una pauta cultural para la construcción de ciudadanía

- promover los principios de la economía social y el asociativismo

- propiciar nuevas formas de emprendimientos solidarios


Estos últimos suponen enarbolar un conjunto de ideas tales como

- la autogestión

- la democracia

- la cooperación

- la reciprocidad

- la responsabilidad social

- la sustentabilidad

- el desarrollo humano

- la participación social

- el igualitarismo

En este sentido creo necesario mantener latente las condiciones que se han establecido para instalar en marco de los máximos niveles decisorios de los ejecutivos comunales y provinciales la necesidad de impulsar la creación de empresas sociales como una herramienta y una estrategia idónea para salir de la crisis, a partir de Programas de Desarrollo Local, construyendo ciudadanía inclusiva.

Estos proyectos no son viables si no se privilegian la eficacia y la eficiencia del funcionamiento del sistema democrático y su articulación con la totalidad de los actores económicos que ostenten el mismo pensamiento y que estén dispuestos a posicionarse en esta coyuntura con otro norte distinto del actual.

Un norte que sea capaza de maximizar la utilización de los recursos económicos improductivos con una lógica de integración y no de exclusión, con una lógica que contemple

- el consumo justo

- el comercio ético

- la seguridad alimentaria de la población

- las inversiones sociales

- criterios de complementación campo – ciudad

Estos son las ideas fuerza que nos hacen pensar que a pesar de ser solo una de muchas más que pueden elaborarse, esta idea puede transformarse en una herramienta idónea para contribuir a la construcción de la gobernabilidad, sin repetir los herrores y los orrores (para que se noten) que cometimos en el pasado y que permitió que reviviéramos el mito de Sísifo.

Postscriptum con los años

El esqueleto de este texto fue escrito allá en el 2001, para la Jornda Avellaneda para todos organizada por Fernando Landaburu, en el marco del Programa REDINCO de la Municipalidad de Avellaneda, tengo que agradecer al Dr. Joaquín Alonso Freire, Vicerrector de la Universidad Margarita Abreu de La Habana Cuba, pero por sobre todo un amigo y compañero de ruta que no solo aporto sus comentarios y reflexiones, sino que además me cedio unos textos que estan publicados en este espacio, y del que no se nada hace varios años; el agradecimiento también es extensivo a Nicolás Entel a quien conocí como un destacado militante de la Franja Morada Secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y al igual que Joaquín aportó y sugirió ideas que tome al momento del establecimiento de la redacción final del trabajo.

sábado, 30 de mayo de 2009

Consumo luego existo

Un libro que mando mi amigo Miguel Ponce y recomiendo

Tomar Partido

Un libro importante de Jesús Rodriguez

sábado, 6 de enero de 2007

La sociedad civil

Joaquín Ramón Alonso Freyre
Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.
República de Cuba


La relación de la sociedad civil con el Estado es un modo de reflejar el conjunto de la vida de la sociedad a través de la contradicción dialéctica dirigentes-dirigidos en el ámbito político, inherente al sistema de la actividad social en determinada etapa de su desarrollo histórico. Esta contradicción está objetivamente condicionada y es una premisa de existencia y un resultado histórico de todas las sociedades de clases empíricamente existentes, en virtud del carácter público institucional que adquiere la actividad de dirección. Mientras permanezca históricamente semejante naturaleza del poder existirá fundamento objetivo para que se conforme el mencionado tipo de vínculo. Ahora bien, la esencia del enlace sociedad civil-Estado no es ahistórica, sino que está sujeta a las regularidades del desarrollo de las diferentes formaciones económico-sociales y culturas humanas.
El concepto de sociedad civil, siguiendo a Marx, aun cuando no exista un total consenso sobre las dimensiones teóricas y empíricas de su empleo y comprensión en la literatura científica, puede afirmarse que designa fundamentalmente y de forma generalizada, la esfera de actividad y de interrelaciones sociales sui generis -por su carácter integral- donde se producen y reproducen las grandes comunidades humanas y la vida inmediata (proceso de producción y reproducción física y cultural de las propias personas en tanto individuos y colectividades), en contraste con el poder político institucionalizado.
Por esa razón, con ella de una forma más o menos precisa se toma en consideración la esfera de conformación y despliegue de las relaciones socioclasistas, socioprofesionales, socioétnicas, raciales, nacionales, sociogeneracionales, intergenéricas, sociodemográficas, comunitarias, familiares, ideológico-espirituales, así como de la vida cotidiana, etcétera, en tanto fundamento y objeto del poder político. Entonces, desde el punto de vista de su volumen lógico incluye comunidades, organizaciones, individuos, instituciones, normas, actividades, relaciones, valores, saberes, etcétera.
Este concepto contrapone lo social a lo político, y a la mirada que lanza sobre el organismo social él vienen asociados otros del mismo orden como lo público y lo privado, la economía y la política, los deberes y los derechos, la producción e intercambio de valores espirituales, el proceso de socialización, particularmente política, etcétera.
El concepto de sociedad civil designa relaciones que sirven de base a la política, pero que son diferentes de ella, y no siempre necesitan una expresión de ese carácter, aun cuando dentro de ciertos límites sea el Estado quien las legaliza y sanciona con fuerza obligatoria universal. Pero es a su vez la sociedad civil quien legitima al Estado y demás procedimientos políticos. La expresión política de lo social no es primaria en sí misma, sino secundaria y puede, en consecuencia, tanto apresurarse como estar al mismo nivel o marchar a la zaga de las demandas de la sociedad como un todo.
Está claro que la relación del Estado y la sociedad civil es sumamente compleja. Siendo el Estado la institución fundamental que ejercita el poder político, no agota en sus límites todos los ámbitos de la política institucionalizada. Existen como regla otras instituciones y organizaciones, como los partidos políticos y los grupos de presión, que participan de un modo u otro de ella también. En consecuencia, en la literatura ha adquirido carta de ciudadanía el término de sociedad política, el cual expresa un canal de unión entre el Estado y la sociedad civil.Dicho de otra manera, los fenómenos que se abarcan por el término de sociedad civil son genéticamente primarios en relación con la sociedad política o el Estado, como su expresión fundamental o instituto más importante para el establecimiento y ejercicio del poder político; se comportan como el sustrato o contenido a que debe referirse la sociedad política y no como su derivado o apéndice. La sociedad política puede coadyuvar a la satisfacción de las necesidades progresivas de la sociedad civil u obstaculizarla, pero no es una finalidad en sí misma, sino un medio de esta última.

La contradicción rol versus función en el ejercicio de la actividad gubernamental

Joaquín Ramón Alonso Freyre
Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.
República de Cuba
El encargo social que sostiene el rol de gobernante en el entorno comunitario tiene dos fuentes, una en las necesidades, intereses y aspiraciones de los gobernados y otra en el proyecto social dominante dentro de la clase política. Ambas generan expectativas sobre lo que una persona en el rol de gobernante debe hacer para tener un “buen desempeño” en la gestión pública a nivel comunitario.
En momentos de crisis estas expectativas tienden a ser contradictorias ya que, desde la psicología social imperante en la población, se espera que el gobernante resuelva los problemas inmediatos de la gente, mientras desde la clase política se le exige la aplicación de las políticas diseñadas desde los centros de poder.
Esta contradicción genera no pocos malestares en la vida cotidiana de las personas que desempeñan un rol gubernamental en el entorno comunitario pues se ven sometidos a una doble presión que le genera un desgaste creciente, tanto en el orden personal, incluida su salud, como en el orden político con afectación de su credibilidad y ascendencia directiva. A pesar de las horas que debe dedicar a la gestión no logra contentar a la gente en sus reclamos, ni logra el encuadramiento cautivo de sus seguidores como espera la estructura de mando de la clase política a la que se subordina.
Con frecuencia estos malestares se asumen como componente normal de la gestión pública (“¡qué dura es la vida de un alcalde!”), como parte del costo que hay que asumir para ser sujeto y no objeto de la función de gobierno. Sin embargo, el desempeño de tal función, cuando transcurre desde la perspectiva de la gobernabilidad, no tiene que generar tales malestares. Para ello es necesario el desarrollo de una conciencia crítica acerca del contenido asignado al rol de gobernante desde la perspectiva de la función que debe desempeñar ubicando la contradicción no entre las expectativas opuestas dentro del rol, sino entre este y la función gubernamental.
Por rol de gobernante entendemos el conjunto de derechos y obligaciones que devienen de las normas y expectativas que se tienen respecto al individuo que ocupa esa posición dentro de la estructura social. Por función gubernamental, las características objetivas observables que permiten la orientación y control respecto a fines de las relaciones sociales del entorno comunitario.
Rol y función no tienen que ser excluyentes, sin embargo, en la actualidad se observa una distancia entre ambos, pues el rol de gobernante no propicia en la medida necesaria la orientación y control antes mencionado. De una parte la expectativa de los gobernados se concreta hoy en forma de requerimientos constantes sobre el individuo que ejerce el rol gubernamental para que este le resuelva asuntos (empleo, alimentación, salud, etc.) que en el orden de los procesos sociales debían ser resueltos normalmente por los institutos sociales correspondientes y sin embargo, van a parar en forma de urgencias que obstaculizan el desempeño en los asuntos de fondo referidos a la función gubernamental. De otra parte, la prioridad que recibe el mandato proveniente de intereses extranjeros en la formulación de políticas desde los centros de poder genera una expectativa desde arriba que impide al individuo que ejerce el rol gubernamental centrar lo interno en la toma de decisiones y acaban dedicando mayor atención a como sobrellevar el descontento de los gobernados que a lograr el despliegue de un programa coherente en términos de gobernabilidad.
A ello se agrega la representación social prevaleciente en el imaginario popular de que los individuos que acceden a cargos públicos buscan en primer lugar beneficios personales lo cual crea una barrera para la comunicación entre los que ejercen estos cargos de manera honesta bajo un ideal de transformación social y quienes son los principales destinatarios de sus decisiones obstaculizando una participación comunitaria que constituye requisito para la gobernabilidad. Con frecuencia no se participa pues se piensa más en el rédito político que puede extraer el gobernante y no en el desarrollo de una auténtica cogestión de los asuntos públicos.
En el orden histórico se deben mencionar los efectos dejados por políticas paternalistas aplicadas de forma prolongada, cuyo enfoque asistencial de los asuntos sociales han generado en los gobernados actitudes pasivas y de espera respecto a que sus problemas se los debe resolver otro. En la medida en que las sucesivas privatizaciones han ido reduciendo el papel de las instituciones públicas en los asuntos sociales, hoy aparece el gobernante como el reducto adonde ir a pedir soluciones. Transformar las prácticas asistenciales desde una perspectiva de autodesarrollo social requiere de tiempo y esfuerzos encaminados a producir cambios de fondo en los vínculos imperantes entre gobernantes y gobernados. Tales cambios van desde la necesaria capacitación de la gente para que pueda emprender por sí misma proyectos de autodesarrollo, hasta el abandono de prácticas de clientelismo sobre las que se podía basar en el pasado tales vínculos, pero que en las condiciones económicas, políticas y culturales que se vienen imponiendo en el mundo resultan ya obsoletas y deben ser superadas, so pena desaparecer como sujeto de política.
Los modos de participación popular sustentados en la dependencia personal propios de relaciones precapitalistas están siendo desplazados bajo los efectos de la globalización por otros sustentados en convocatorias de naturaleza institucional, incluyendo una intervención creciente de la sociedad civil bajo una red organizacional en expansión. Se despliega un proceso de civilización del Estado y de politización de la sociedad civil, que impone a las prácticas políticas cotidianas un mayor requerimiento de diálogo y de apertura hacia la diversidad de intereses que deben ser contenidos dentro de las propuestas gubernamentales que se formulen. Lógicamente el sentido de esta participación debe ser definido desde abajo y en la perspectiva de una reconstrucción del poder desde las bases.
La conducción política de este proceso en forma de proyecto social supone un rescate de la ideología en su función reguladora de una determinada relación de los hombre entre sí y con sus condiciones de existencia, pues mediante la ideología la sociedad adapta a los individuos sus roles, por ello toda acción gubernamental siempre tiene un contenido ideológico que debe quedar explicitado y asumido en dicha acción mediante la potenciación de la conciencia crítica en torno al rol de gobernante de modo que este pueda crecer en el orden personal y social enfrentando resolutivamente los malestares que hoy padece al vivenciar la cotidianidad de la función gubernamental.

Politica

Joaquin Ramón Alonso Freire

Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas

República de Cuba

El término “política” ha sido uno de los más ampliamente difundidos y empleados tanto en el lenguaje cotidiano y público, como en el científico y oficial. Proviene del griego “polítika” que significa “asuntos estatales y sociales”. Según el Diccionario Enciclopédico UTEHA el concepto de política se analiza así: Arte de gobernar y dar leyes y reglamentos para mantener la tranquilidad y seguridad pública y conservar el orden y buenas costumbres.
A lo largo de la historia la política, como actividad humana, ha sido concebida como lucha y/o como integración por diversas corrientes de pensamiento ya que se parte de "la idea de que la política es, por un lado una lucha (...) con vistas a la conquista de un poder que es utilizado por los vencedores en provecho propio y en detrimento de los vencidos, y por otro, también un esfuerzo por realizar un orden social que beneficie a todos"
[i].
La visión de la política como integración ha sido planteada por la corriente contractualista, "ya conocida en la Antigüedad" y con "vigencia en la Edad Media", según N. Bobbio
[ii], y que influye en la actualidad como fundamento doctrinal para los denominados procesos de "concertación social" en diversos países.
Por su parte la política como antagonismo ha sido una perspectiva desarrollada por diversas corrientes, tomando cada una elementos explicativos propios. Para el pensamiento conservador la política expresa la lucha de la elite al desplegar su capacidad de dominación sobre las masas; para los liberales la lucha política transcurre análogamente a como se produce la competencia económica, es decir, donde existen vencedores y vencidos; para las concepciones psicoanalíticas en la política quedan expresados aquellos conflictos internos que producen frustraciones y desembocan en tendencias a la agresión y a la dominación. Incluso en determinadas doctrinas teológicas se aborda el instinto de dominación como una de las formas de la concupiscencia que empuja al hombre hacia el mal, en este caso consideran la concupiscencia dominandi el fundamento esencial de las luchas políticas.
Para el marxismo el contenido real de la diversidad de formas que adopta la lucha política debe ser explicado a partir de la confrontación de intereses clasistas que se produce en la sociedad, los cuales emergen como resultante del lugar que ocupa cada clase en el modo de producción dado. Mientras la clase no ha tomado conciencia de sus intereses participa en la política en calidad de objeto (clase en sí). Cuando se produce una toma de conciencia de estos intereses, como resultado de un proceso de maduración, comienza a participar en la política como sujeto (clase para sí), creando su propia organización política. Una vez que la clase arriba a un estadio superior en este proceso de maduración, vinculando la realización de sus intereses a los de la sociedad en su conjunto (clase para la sociedad), se orienta a la toma del poder político para disponer así del principal instrumento de dominación social con el cual someter a sus adversarios. Sin embargo, en la medida en que abarca intereses que rebasan los marcos de la propia clase, su actividad política no será sólo un instrumento de lucha, sino también de integración social pues debe ser capaz de regir los destinos de la sociedad en su conjunto y para ello necesita disponer de espacios para la contención de la diversidad de intereses sociales dentro de un sistema que le permita el mantenimiento de su dominación política.

Notas

[i] M.Duverger: Sociología Política. Ed. Ariel SA. Madrid, 1968, p 34.
[ii] N. Bobbio y M. Bovero: Origen y fundamento del Poder Político. Ed. Grijalbo. México, 1995, p 56.

Liderazgo

Prof. Joaquín Ramón Alonso Freyre
Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas
República de Cuba
La relevancia del tema del liderazgo en pequeños grupos posee una historia que cubre casi todo el siglo XX en las ciencias sociales, desde que los experimentos Hawthorne demostraran la importancia del influjo de las relaciones sociales espontáneas sobre los procesos grupales en el seno de las organizaciones formalmente establecidas y en los contextos comunitarios.
El liderazgo constituye en tales procesos una expresión que sintetiza el estado del factor social al interior de los sistemas formales e informales al ser una de las dimensiones en que se produce la diferenciación individual sobre cuya base se forma la estructura grupal, integrando la misma junto a la estructura de poder, de comunicación, sociométrica, etc. Los resultados de tal diferenciación hacen emerger al líder como la persona que se ve apoyada por los miembros del grupo y es capaz de influir en la conducta de estos sin apelar a una autoridad exterior, al poseer la autoridad más elevada. El liderazgo puede ser definido como capacidad de influencia en el grupo para la consecución de metas.
La personalidad del líder ha sido estudiada a través de vertientes teóricas como las teorías de los rasgos ("el líder posee características personales propias"), las teorías conductuales ("el líder posee comportamientos específicos"), o las teorías de contingencia ("la acción del líder depende de factores situacionales"). Estas teorías de modo independiente o combinadas aportaron las plataforma necesaria para investigar la eficacia del liderazgo (Fidler y otros), los estilos de influencia en sus diversas clasificaciones (Lewin, Lippit y Whyte: "autocrático, democrático y laisse faire"; Morse y Reimer: "directivo y no directivo", etc) y mantienen su influencia para construcciones teóricas más recientes sobre el liderazgo transaccional y transformador.
En todos los casos se trata de estudios orientados al perfeccionamiento de la gestión de dirección sobre grupos humanos. Sin embargo, centrar la persona del líder no resulta el objeto de conocimiento que puede permitir la comprensión del liderazgo pues solo se accede a la manifestación externa de tal fenómeno. En su lugar es necesario investigar el modo en que se produce la actividad humana conjunta y captar dentro de ella la lógica con que transcurren los procesos directivos desde los que emerge el liderazgo.
Procesos de autorregulación

Para H. Hiebsch y M. Vorwerg "lo normal es que la función de dirección sea una función del grupo y no la desempeñada por una persona"; pues el grupo cuenta para ello con "todos los mecanismos autorreguladores de dirección necesarios"[i]. Sin embargo, las características del proceso de autorregulación grupal hacen que el componente inductivo de la dirección se confíe a personas que reúnan condiciones muy específicas. En ello podemos apreciar como la función grupal se convierte en rol individual, lo cual constituye una particularidad de este componente funcional dentro de todo el proceso de dirección, concebido como función colectiva.
La asignación del rol de dirección a determinada persona se produce a través de un mecanismo de identificación de los miembros de grupo con esa persona, cuya acción satisface a aquellos como propia. Sienten que esa persona representa los intereses y las aspiraciones del grupo. Es decir, la identificación con el individuo que asume el rol dirigente significa que los miembros del grupo proyectan en él sus deseos, necesidades y esperanzas, de ahí la expectativa de que esa persona debe representar al grupo. En ello radica el secreto de la ascendencia que posee como inductor para influir sobre el grupo conduciéndolo en el despliegue de la actividad conjunta. Predomina la confianza en que sus acciones personales y su capacidad de mando están al servicio del grupo y por tanto seguirlo en sus orientaciones expresa el pensamiento grupal y sirve a la colectividad. Se acepta su influencia sobre el grupo porque se reconoce su aporte a la consecución del fin colectivo contenido en la tarea grupal. Emerge así como líder para el grupo.
Aquí, se produce una elección no regida por principio formal alguno. No hay postulación, ni votación. Todo ocurre de modo espontáneo tomando en cuenta, elementos que no están determinados por modelos de conducta o cualidades personales generales, sino por la imagen del dirigente que prevalece a nivel cultural y por las experiencias individuales de los miembros del grupo.
La emergencia de una persona como líder no significa una posesión universal (para cualquier situación) de la ascendencia que se requiere para tal capacidad inductiva. Estudios realizados por R. Bales han demostrado que "la influencia ejercida por un miembro del grupo puede estar limitada a un determinado terreno en el que se le considera competente, mientras que en otros terrenos son otros miembros quienes deciden"
[ii]. Estudios posteriores[iii] han confirmado este hallazgo. Tal situación resulta lógica dentro de la concepción sobre los procesos de dirección como autorregulación grupal.
Como se observa, el mecanismo de identificación del dirigente por el grupo, la asignación del rol de dirección y la aceptación de su influencia nos pone ante el hecho de que dirigente y líder coinciden, cuando tales procesos transcurren como autorregulación grupal de dirección, lo cual no significa que dirección y liderazgo sean lo mismo. La dirección abarca un conjunto de funciones parciales que van más allá de la capacidad inductiva propia del liderazgo aunque este constituye una condición para el despliegue eficaz del proceso de dirección por sus efectos movilizadores sobre la colectividad grupal.
Regulación externa
La sociedad humana no está integrada por un conjunto de grupos humanos inconexos, cada uno de los cuales se autorregula en función de sus intereses, objetivos y aspiraciones. Existe una estructura social donde el vínculo entre diversos grupos es desigual predominando relaciones de poder y dependencia entre unos y otros, lo cual se refleja en los procesos de regulación directiva. Al respecto C. Marx, al analizar tales procesos dentro de las relaciones propias del capitalismo concluyo que "el capitalista no es tal capitalista por ser director industrial, sino al revés: es director industrial por ser capitalista"[iv].
Desde una perspectiva estructural el rol de dirección no es asignado, ni se despliega como parte de la autorregulación grupal de dirección. No son factores internos propios de la naturaleza social de la actividad conjunta que se despliega los que deciden, sino externos, provenientes de una diferenciación social asentada sobre las relaciones de propiedad existentes en la sociedad. En este caso el rol de dirección no parte de una ascendencia establecida por identificación personal de los miembros del grupo con dirigente, sino por ser poseedor de medios de producción. Aquí el liderazgo no constituye una condición para el despliegue del proceso de dirección, pues no transcurre como función grupal, sino subordinando al grupo a vínculos estructurales que lo superan. En este caso la acción directiva se basa en una fuerza asentada en el poder y no en la ascendencia propia de la autoridad.
En la literatura científica W. Buckley desde un enfoque estructural señala que la estructura de autoridad se relaciona con la promoción de metas grupales y con el consenso grupal, mientras la estructura de poder con la promoción de metas diferenciales y con la sumisión grupal
[v]. Lo mismo considera S. Robbins al confrontar liderazgo y poder señalando: "el liderazgo se relaciona con la compatibilidad de metas, el poder no requiere la compatibilidad, sino solo la dependencia"[vi].
Esta comparación en los procesos directivos entre poder y liderazgo se corresponde con la distinción propuesta por E. Mayo entre las estructuras formal e informal de cualquier grupo integrante de una organización. Se trata de la existencia, por un lado, de una estructura diseñada de organización en la que se planifica la división del trabajo y se adoptan reglas y procedimientos para controlar la actividad, gratificar el buen desempeño y sancionar a los incumplidores. En la estructura formal los roles individuales se establecen funcionalmente orientados al logro del fin de la organización, al que se subordinan todos los grupos que la integran. Junto a ella coexiste una estructura informal surgida de la relación social que se establece, de modo espontáneo, entre los individuos que integran la organización al participar en la actividad conjunta. Esta estructura no obedece al diseño funcional preconcebido, sino a las necesidades personales, principalmente de carácter psicológico, de los miembros de la organización.
Así, al interior de cualquier organización se pueden observar procesos directivos basados en relaciones de poder-dependencia dentro de la estructura formal y procesos de liderazgo dentro de la estructura informal. Desde la perspectiva grupal se trata de procesos de regulación externa e interna respectivamente.
Estos procesos están presentes también fuera del universo organizacional, principalmente en contextos comunitarios donde la regulación externa aparece expresada como efecto de la gestión pública, tanto de instituciones políticas como socializadoras que se subordinan a la estructura de poder existente en la sociedad, mientras la regulación interna, y con ella los procesos de liderazgo, está presente en el accionar de la diversidad de grupos informales a los que se integra la población según sus necesidades, intereses y demandas.
Es lógico suponer la existencia de una relación contradictoria entre ambos procesos de regulación al ser diferentes el nivel de las expectativas a que responden, en un caso la estructura jerárquica, organizacional o no (“los de arriba”), y en el otro la membresía grupal (“los de abajo”). Sin embargo, una no tiene que realizarse a expensas de la otra, ni en contraposición. Más bien se puede afirmar que es posible, necesario y conveniente encontrar los puntos de convergencia de los procesos de regulación directiva que orientan la actividad grupal de hombres y mujeres cualquiera sea el entorno en que operen las entidades sociales:
1.Es posible porque el fundamento de intereses sobre el que se asientan ambos procesos reguladores deben ser legitimados desde valores compatibles que permiten contar con una plataforma para el diálogo.
2·Es necesario porque tales intereses nunca pueden tener realización plena dentro de una confrontación que conduzca a antagonismos sociales. El liderazgo no puede ignorar el entorno estructural en que se despliegan las relaciones de poder de la sociedad, ni el poder se convierte en dominación solo con el uso de la fuerza bruta, obviando mecanismos sociales de integración capaces de contener las necesidades, intereses y demandas poblacionales.
3·Es conveniente porque la convergencia de poder y liderazgo, constituye un requisito para la dirección eficaz de procesos sociales, es decir, para la gobernabilidad de las relaciones sociales, tanto en la gestión pública como en la privada, al ser coherente la acción inductiva procedente de los procesos reguladores que operan a nivel grupal.
La diferenciación de los procesos reguladores de dirección a que están sometidos los grupos humanos desde las estructuras de poder y liderazgo no excluye, sin embargo, la integración en el orden personal de uno y otro. Es decir, un líder puede acceder a posiciones de poder tanto como desde el poder se puede acceder a posiciones de liderazgo. En ambos casos es indispensable una plena comprensión de la lógica de intereses con que opera la otra estructura desarrollando un aprendizaje de las cuestiones de fondo que se interrelacionan y no de las manifestaciones conductuales externas en forma de comportamientos que se ensayan para ser representados.
Ello significa tanto para el universo organizacional como para el entorno comunitario desarrollar sistemas de capacitación que permitan la adquisición de habilidades para captar malestares de la cotidianidad, manejar contradicciones, construir proyectos participativos y realizar acciones mediadoras vinculadas a la competencia comunicativa.
Notas
[i] H. Hiebsch y M. Vorwerg: Introducción a la psicología social marxista. Universidad de la Habana, Facultad de Psicología. La Habana, 1981, p 223.
[ii] B, Schäfers: Introducción a la sociología de grupos. Historia. Teoría. Análisis. Ed. Herder. Barcelona, 1984; p 50.
[iii] A. Etzioni: Organizaciones modernas, Ed UTEHA, México, 1966, p 110
[iv] K.Marx: El Capital. Crítica de la Economía Política. La Habana, Ed. C. Sociales, 1973, p 288
[v] W. Buckley: La sociología y la teoría moderna de los sistemas. Amorrortu editores. Buenos Aires, 1973, p 260.
[vi] S.Robbins: Comportamiento organizacional. Conceptos, controversias y aplicaciones. Tercera Edición, 1987 (en español), p 275.